demasiado amplia y mandé el documento a revisión.
Marta llevaba semanas presionándome.
Esa tarde llamé a Adriana Salgado, la abogada que había estructurado el fideicomiso de Elena.
Le conté únicamente lo que podía demostrar.
Los videos.
Las gotas.
Las conversaciones.
El nombre de Julián.
Adriana guardó silencio.
—Daniel, no firmes absolutamente nada.
—No pienso hacerlo.
—Hay algo más.
Mi estómago se endureció.
—Hace 3 semanas recibimos una solicitud para revisar las facultades administrativas del fideicomiso.
—Yo no pedí ninguna revisión.
—Lo sé. Por eso la detuvimos.
Escuché papeles al otro