hecho pensando en nuestro futuro.
Y finalmente cometió el error que ningún abogado habría podido provocar mejor.
—¡De todas formas esa casa terminaría siendo de Lucía!
Adriana levantó la vista.
—Exactamente. Y por eso usted no tenía ningún derecho a fabricar pruebas contra una menor para intentar obtener control sobre su patrimonio.
Marta se quedó inmóvil.
Comprendió demasiado tarde lo que acababa de admitir.
Los meses siguientes fueron menos dramáticos de lo que cualquiera habría imaginado.
Y agradecí que así fuera.
No hubo escándalos frente a la escuela.
No hubo