que aquellas gotas nunca habían sido el verdadero objetivo.
Parte 2: Regresé a casa a la 1:24 de la tarde.
Marta estaba cerca de la entrada, arreglada para salir.
Su expresión cambió cuando me vio con la maleta.
—¿Qué haces aquí?
—Cancelaron la reunión.
Miré hacia el pasillo.
—Lucía, toma tu mochila. Vamos con la abuela Teresa.
Marta dio un paso hacia mí.
—Daniel, no puedes alterar su rutina cada vez que hace un berrinche.
Lucía apareció abrazando su mochila azul.
Tomé su mano.
—Sí puedo.
No discutí.
No