PARTE 2: EL SECRETO QUE ALEJANDRO NUNCA IMAGINÓ

era su secreto.

Yo era su fachada.

Y lo curioso era que ambos creían tener el control.

Pero solo una persona conocía todas las piezas del tablero.

Yo.

Con los años, Alejandro empezó a transferir propiedades.

Pensaba que estaba asegurando el futuro de su hijo secreto.

No sabía que cada movimiento dejaba un rastro.

Cada apartamento.

Cada cuenta.

Cada documento.

Todo estaba registrado.

Y todo podía volver contra él.

Por eso, cuando en la UCI puso frente a mí esos papeles de herencia, no sentí sorpresa.

Solo confirmación.

Él todavía