PARTE 2: EL SECRETO QUE ALEJANDRO NUNCA IMAGINÓ

hijos.

Pero no sabían que la mayor parte de ese imperio ya estaba bajo mi control legal.

No porque quisiera destruirlo.

Sino porque sabía que algún día tendría que protegerme.

Cuando Alejandro salió de la UCI varios días después, lo primero que hizo fue preguntar por los documentos.

—¿Dónde están los papeles que firmé?

Lo miré desde la ventana.

—En un lugar seguro.

Su expresión cambió.

—¿Qué hiciste?

Sonreí.

La misma sonrisa tranquila que había tenido durante trece años.

—Nada.

Me acerqué lentamente.

—Solo dejé que hicieras exactamente lo que