Regresé temprano a casa después de una reunión y vi a mi exesposa en televisión junto a 4 niños de 5 años. Uno tenía mi hoyuelo y otra tenía mis mismos ojos. Yo la había dejado creyendo que nunca podría ser madre, mientras ella los había criado sola. —No ibas a arruinar tu vida por ella —dijo mi madre. Horas después encontré kara un antiguo mensaje de mi bufete que revelaba quién había impedido que Elena me dijera que estaba embarazada kara.

Regresé a mi departamento y revisé respaldos antiguos.

Correos.

Mensajes.

Registros telefónicos.

A las 3:17 de la mañana encontré algo.

Un mensaje de mi madre enviado a mi antigua asistente durante la semana del divorcio.

Si Elena llama al despacho por un asunto personal, avísame antes de comunicarla con Alejandro.

A la mañana siguiente localicé a Lucía Mendoza, quien había trabajado conmigo durante 8 años.

Cuando le enseñé el mensaje, se puso pálida.

—Elena llamó 2 veces.

Sentí que el mundo se inclinaba.

—¿Qué dijo?

Lucía respiró profundo.

—La