nuestras posibilidades de tener hijos.
Él rompió la confidencialidad y le habló de los resultados de Elena.
Pero también le dijo que mis propios estudios mostraban problemas.
Beatriz le pidió que no me contara todavía.
—¿Por qué? —preguntó Elena.
El médico se quitó los lentes.
—Porque el padre de Alejandro había tenido dificultades similares cuando era joven. Beatriz temía que su hijo lo tomara como una humillación.
Cuando Elena me contó aquello, sentí vergüenza.
Durante años había permitido que ella creyera que su cuerpo nos había fallado.
La verdad era