Julián abrió la carpeta, pero no me mostró una imagen del hospital.
Era una fotografía granulada de la cámara de seguridad de la casa. La fecha y la hora aparecían impresas en una esquina: la noche de mi caída.
Reconocí el balcón. Reconocí el vestido que llevaba.
Y reconocí a Mauricio detrás de mí.
—¿Él estaba allí? —pregunté.
—Sí —dijo Julián—. El video se recuperó del sistema de la casa esta mañana.
La imagen mostraba a Mauricio entrando en la sala con el teléfono en la mano. Yo aparecía al