nosotros rompimos.
Elena guardó silencio.
—Quiero ser su padre aunque tú y yo seamos solo eso durante el resto de nuestras vidas. Sus padres.
Me observó durante varios segundos.
—Creo que es la primera respuesta sensata que me das sin presentar un plan de 5 años.
Sonreí.
—Solo tardé 6 años.
Elena se levantó.
—¿Más té?
—¿Solo té?
Me miró.
—Solo té, Alejandro.
Acepté.
No hubo reconciliación milagrosa.
No hablamos de casarnos otra vez.
No necesitábamos hacerlo.
Desde la cocina podía ver el desastre en la sala.
Juguetes.
Mochilas.
Dibujos.