de consultoría.
Fernanda palideció.
Se quitó el reloj que Rodrigo le había regalado meses atrás y lo dejó sobre una jardinera.
—Me dijiste que construiste todo esto tú solo.
Rodrigo intentó sujetarla del brazo.
Ella se apartó.
—No me toques.
Se marchó.
A la mañana siguiente Rodrigo apareció en las oficinas centrales de Cárdenas Capital exigiendo hablar con el propietario.
Pedí que lo dejaran subir.
Cuando entró en la sala de juntas, se detuvo.
Yo estaba sentada en la cabecera.
Frente a mí había una placa.
DANIELA CÁRDENAS
FUNDADORA Y