Nadie habló.
Fernanda giró lentamente hacia Rodrigo.
—Me dijiste que esta casa era tuya.
—Prácticamente lo es.
Javier negó con la cabeza.
—Su nombre nunca ha estado en la escritura.
Rodrigo sacó el teléfono.
Tenía 9 llamadas perdidas.
Su contador.
2 proveedores.
Un socio.
3 clientes.
En cuestión de minutos descubrió que varios proyectos habían quedado suspendidos mientras se revisaban sus documentos.
Fernanda lo miró.
—¿Qué hiciste?
—Nada. Daniela está tratando de destruirme.
Javier abrió otra carpeta.
—Señora Ruiz, probablemente también será contactada para aclarar varias transferencias recibidas bajo contratos