acerqué.
—Porque las personas que están dentro te hacen sentir querida, respetada y segura.
Emilia pensó unos segundos.
Después sonrió.
—Entonces nuestra familia es muy buena.
La abracé.
Durante años había pensado que ser fuerte significaba soportar.
Callar.
Perdonar.
Adaptarme.
Esperar.
Aquella mañana, 5 días después de dar a luz, descubrí otra clase de fuerza.
La de una mujer caminando bajo la lluvia con una pequeña maleta y una bebé recién nacida, alejándose de una casa enorme porque finalmente entendió que tener un techo no significa tener un hogar.
El