para compartir el desayuno, entendí algo que jamás apareció en ninguno de nuestros reportes financieros.
El lujo no estaba en el mármol.
Ni en las lámparas.
Ni en las suites.
El verdadero lujo era entrar a un lugar cansado, vulnerable y aparentemente insignificante…
y encontrar a alguien dispuesto a tratarte como si todavía importaras.