temporal.
Parecía incómoda.
Y feliz.
Lucía corrió hacia ella.
—¡Mira!
La llevó directamente hacia las rosas.
—Las flores de mi papá están mejor.
Lupita se inclinó.
—Sí.
—Mamá dice que usted las salvó.
Lupita me miró.
—Solo conseguí un florero.
Negué.
—No.
Me acerqué.
—A veces un florero es solo un florero.
Miré las rosas.
—Y a veces es la prueba de que alguien te vio cuando los demás decidieron no hacerlo.
Lupita bajó la cabeza.
Lucía tomó su mano.
Y mientras observaba a mi hija llevarla hacia la mesa