siguió.
Ricardo señaló a Mateo.
—Tú eres el grande. Tú vas a convencer a tu hermana. Si tu mamá se deprime, si llora, si se enferma, será por culpa de ustedes. ¿Sí entiendes, campeón?
Mateo, en la grabación, no contestaba.
Solo miraba al piso.
Pero el Mateo del juzgado miraba al juez.
Como si por fin alguien pudiera escuchar lo que él no había podido gritar.
El juez apretó la mandíbula.
—Siguiente archivo.
El segundo era un audio.
La voz de Ricardo sonaba tranquila, casi burlona.
—No, Daniela, no te