más daño.
Sofía abrazó a los 2.
Y los 3 lloraron ahí, en medio del juzgado, sin cuidar apariencias.
Afuera no los esperaba una camioneta de lujo.
Los esperaba la hermana de Marisol en un carro viejo, con el asiento trasero lleno de bolsas del mandado.
Esa noche cenaron sopa de fideo, tortillas calientes y agua de limón.
No hubo alberca.
No hubo cuarto gigante.
No hubo viajes.
Pero tampoco hubo gritos.
Nadie amenazó a nadie.
Nadie hizo sentir pequeña a Marisol.
Nadie obligó a los niños a escoger entre