El juez le pidió elegir entre su mamá sin dinero y su papá millonario, pero el niño levantó un celular viejo y dejó al juzgado sin respirar

el miedo y el amor.

Meses después, Ricardo perdió socios cuando el escándalo salió a la luz. La gente que antes lo saludaba con reverencias empezó a cruzarse de banqueta.

Marisol siguió vendiendo comida.

Chilaquiles, flautas, arroz rojo, gelatinas.

No se volvió rica.

Pero cada peso venía limpio.

Y cada noche sus hijos dormían sin revisar si alguien venía por el pasillo.

En el cumpleaños 10 de Mateo, no hubo salón elegante.

Hubo pastel de tres leches, globos del mercado y una piñata amarrada en el patio.

Sofía, con la