no quiero quitarle sus hijos, señor juez. Solo quiero salvarlos de una vida llena de carencias. Marisol es buena madre, sí, pero emocionalmente no está bien. Se altera mucho. Los niños han visto cosas feas.
Marisol levantó la cara de golpe.
—¡Las cosas feas las provocaste tú!
El juez golpeó la mesa.
—Señora Rivas, le pido control.
Ricardo no volteó.
Pero sonrió.
Una sonrisa mínima, filosa, que solo Marisol alcanzó a ver.
Mateo también la vio.
El juez se acomodó los lentes.
—Mateo, necesito escucharte. Sin miedo. Sin presión. ¿Con