unas horas antes de que se lo llevaran. Su rostro, según cuenta la testigo, se desfiguró para siempre en ese instante.
La propia narradora dio a luz en junio a un niño de cabello oscuro que se aferró a sus dedos con una fuerza inexplicable. En ese momento, describe, sintió amor y odio al mismo tiempo: amor porque era su hijo, odio porque también era hijo de quien la había forzado. Al día siguiente, se lo quitaron.
El fin de la guerra y la desaparición de los responsables
Cuando la