El testimonio silenciado de una mujer francesa: maternidad forzada en un campo nazi y la búsqueda de su hijo

unas horas antes de que se lo llevaran. Su rostro, según cuenta la testigo, se desfiguró para siempre en ese instante.

La propia narradora dio a luz en junio a un niño de cabello oscuro que se aferró a sus dedos con una fuerza inexplicable. En ese momento, describe, sintió amor y odio al mismo tiempo: amor porque era su hijo, odio porque también era hijo de quien la había forzado. Al día siguiente, se lo quitaron.

El fin de la guerra y la desaparición de los responsables

Cuando la