aquella tarde.
—¿Cuándo te dio ese reloj? —pregunté.
Damien bajó la muñeca.
—Después de que murió.
—Vanessa dijo que el testamento le dejó todo a ella.
—Me lo regaló mi mamá.
—No pregunté quién te lo regaló.
Me acerqué un poco.
—Pregunté cuándo llegó a tus manos.
—Después del funeral.
Vanessa se metió entre nosotros.
—Esto es absurdo.
Yo abrí de nuevo la carta.
Mi padre había anotado que el día que pensaba confrontar a Damien llevaba ese reloj porque guardaba en la correa una pequeña marca hecha durante nuestro