había querido que terminara conmigo.
Durante meses la había llevado como si fuera una prueba.
Esa tarde dejó de serlo.
Coloqué la llave junto al marco, enderecé la fotografía y dejé la imagen mirando hacia la habitación otra vez.
Después cerré la puerta del estudio con una llave distinta: la de mi propio llavero.
La vieja se quedó adentro, al lado de mi padre.