cerré la caja contra mi pecho.
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Damien cambió de estrategia.
—Vanessa puede darte dinero.
—No quiero su dinero.
—Puede conseguirte un lugar donde quedarte.
—Tampoco.
—Entonces, ¿qué quieres?
Pensé en los tres años que había perdido, en las llamadas que mi padre dejó de contestar después del juicio y en aquella fotografía de pesca que Vanessa había volteado boca abajo.
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—Quiero saber por qué mi padre murió creyendo que yo era un ladrón.
Damien bajó la mirada.
Fue apenas un segundo.
Pero lo vi.
Regresé a la nota.