bajo control.
Le respondí que cuidara a su hija.
Nada más.
La relación entre Richard y Brooke era responsabilidad de ellos.
La mía era Ethan.
Cuando finalmente regresamos por sus cosas, mi hijo entró tomado de mi mano.
Se detuvo justo donde yo lo había encontrado gateando.
Miró el piso de mármol.
Después me miró a mí.
—¿Tengo que ir abajo?
Me agaché hasta quedar a su altura.
—No.
—¿Aunque la abuela se enoje?
—No.
—¿Aunque papá diga que soy malo?
—No.
Ethan soltó mi mano.
Caminó solo hacia su