miró las rodillas.
—Poquito.
—¿Alguien te pegó?
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Negó con la cabeza.
—¿Quién te dijo que gatearas?
Tardó unos segundos.
—Abuela.
No añadí nada.
—¿Y papá?
Ethan apretó los labios.
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—Dijo que si lloraba era peor.
Sentí algo pesado subir desde el estómago hasta el pecho, pero no quería que Ethan tuviera que cuidar mis emociones además de las suyas.
Le limpié una mejilla con el pulgar.
—Gracias por decírmelo.
Richard apareció en la puerta.
—Ya basta de interrogarlo.
Me puse de pie.
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—Sal.
—Esta también es mi