Tuve un bebé a los 79 años, y mis hijos acudieron a los tribunales para que me declararan mentalmente incapacitada. Pero cuando el juez preguntó quién era el padre del bebé, la puerta de la sala se abrió kara…

no fue el nacimiento de mi bebé. El mayor milagro fue que, aquel mismo año, recuperé a mi esposo y salvé a una familia que estuvo a punto de ser destruida por el miedo y la herencia.