ir por unas chelas.
Maribel estaba sentada con una libreta de cuadritos, una calculadora y varios recibos doblados. Ni siquiera levantó la voz.
—No puedo, Martín. Se juntó la luz, el agua y la renta. Te puedo dar 30 para tus pasajes y 20 para saldo.Romance
Martín soltó una risa amarga.
—¿50 pesos? ¿Neta? Me parto la espalda toda la semana y tú me das dinero como si fuera niño de secundaria.
Ella apretó la pluma entre los dedos. —No es eso.
.Claro que sí es eso. Tú decides