todo. Tú guardas mi tarjeta. Tú pagas. Tú repartes. Y yo quedo como güey, sin poder comprarme ni unos tenis decentes.
Maribel bajó la mirada. Llevaban 10 años casados y 5 viviendo en esa casita rentada, húmeda, con techo de lámina en la parte de atrás y una pared que se descarapelaba cada vez que llovía. Martín odiaba esa casa. Odiaba también que sus compañeros de la fábrica se burlaran:Compara Tarjetas Crédito
“¿Otra vez sin lana, compa?”
“Tu vieja sí te trae bien cortito.”
“Ni mi mamá me controlaba