quedó allí, inmóvil.
Pasos en el pasillo. La puerta se abrió con un chirrido. Él había llegado.
Desde su escondite, la enfermera solo alcanzaba a ver los zapatos del hombre y el borde de la cama. Primero hubo silencio. Después, su voz, hablándole a la anciana en un tono bajo pero insistente. La mujer empezó a llorar.
La verdad detrás de las visitas nocturnas
Al principio, el hombre habló con calma. Le explicaba a la paciente que, de todos modos, iba a “perder” la casa, que ya no la necesitaba,