mente.
Le doy la espalda a la hoguera. Sonrío, tomo un sorbo lento de mi café caliente y regreso a la impenetrable fortaleza de mi hogar, sabiendo con absoluta e inquebrantable certeza que los monstruos que intentaron destruirme pasarán el resto de sus patéticas vidas asfixiándose en la oscuridad.
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