A las 3:17 de la madrugada, la policía me llamó para decirme que mi esposo había muerto en un accidente. Miré a mi lado y vi que mi esposo estaba acostado a solo unos 30 centímetros de mí. Entonces el oficial dijo algo que me heló la sangre. —El muerto llevaba el anillo de bodas de su esposo, su teléfono, su cartera… e incluso tenía exactamente la misma cicatriz que él. Volví a mirar al hombre que estaba acostado en mi cama. Por primera vez en 9 años, no sabía quién era realmente el hombre que dormía a mi lado.

miró fijamente.

—¿Por qué su hermano fingía ser usted?

El hombre sentado a mi lado soltó una risa extraña.

Después levantó la mirada.

—Porque yo no soy Sebastián.

Sentí que el corazón me golpeaba las costillas.

—Mi nombre es Nicolás.

Lo abofeteé.

—¿Dormiste conmigo anoche?

—Sí.

—¿Y las otras veces?

No respondió.

Horas después descubrí para qué servía aquella locura.

Sebastián dirigía un fondo de inversión.

Habían desaparecido más de 560 millones de pesos.

Cuando necesitaba estar en 2 lugares al mismo tiempo, Nicolás ocupaba su lugar.

En reuniones.

En