A las pocas semanas de que mi esposo me abandonara embarazada, un hombre rico llamó a mi puerta bajo la lluvia con dos maletas. “¿Puedo quedarme?”, preguntó. Le respondí con calma que no necesitaba caridad, pero él dejó una carta sobre la mesa y dijo: “Esto pertenecía a su hermano”. Cuando vi la fecha, comprendí que llevaba siete años odiando a la persona equivocada.

PARTE 1

—No nací para cuidar a una mujer embarazada ni para enterrarme en este rancho. Arréglatelas sola.

Eso fue todo lo que Mauricio dejó escrito antes de desaparecer.

Ni una despedida. Ni una explicación. Ni una sola palabra para la hija que Emilia llevaba cinco meses cargando en el vientre.

Tres semanas después, Emilia seguía guardando aquella nota en el cajón de la cocina de la pequeña casa que había heredado de su madre, en las afueras de Arteaga, Coahuila. No porque quisiera conservarla, sino porque todavía no encontraba