del dinero.
Yo jamás fui a verlo.
Vendí el departamento.
El día que entregué las llaves, un técnico llegó para borrar el sistema de acceso.
En la pantalla todavía aparecían 3 huellas.
La mía.
La de Sebastián.
La de Nicolás.
—Borre todo —le dije.
El técnico pulsó varias opciones.
Las 3 desaparecieron.
—¿Va a instalar otra cerradura inteligente en su nueva casa?
—Sí.
Me miró sorprendido.
—Después de todo esto, ¿no le da miedo?
Observé por última vez la sala donde durante meses había dormido junto a un hombre sin