saber siempre quién era.
—La cerradura nunca fue el problema.
Tomé mi maleta.
Durante mucho tiempo pensé que haber confiado en Sebastián me convertía en una mujer ingenua.
Después entendí que confiar en la persona con la que compartes 9 años no es una estupidez.
La traición pertenece a quien convierte esa confianza en un arma.
Una casa puede venderse.
Una cerradura puede cambiarse.
Una identidad puede comprobarse.
Los años que perdí no pueden volver.
Pero los que todavía tengo son míos.
Salí del edificio mientras amanecía.
Escuché la puerta