Había cientos.
El último archivo era un video grabado la noche anterior.
Sebastián aparecía junto a nuestra cama.
Yo dormía detrás de él.
Frente a Sebastián había otro hombre.
Misma altura.
Mismo cabello.
Mismos hombros.
El desconocido se giró ligeramente.
Se me cayó el teléfono.
Tenía la cara de mi esposo.
—Esta es la última vez —decía aquel hombre.
Sebastián le entregaba ropa.
—¿Seguro que no despertará?
—Le diste suficiente medicamento.
Sebastián miró hacia donde yo dormía.
Entonces dijo:
—Mañana tú vas a convertirte oficialmente en Sebastián Salgado.
El video