de reconocer a la mujer del espejo.
Alejandro la había apoyado durante aquellos meses más oscuros. La llevaba a terapia, cocinaba cuando ella no podía levantarse de la cama y rechazaba invitaciones sociales para quedarse en casa con ella.
Mariana nunca lo olvidó.
Quizá por eso permaneció en silencio cuando su apoyo se convirtió gradualmente en resentimiento y crueldad pasivo-agresiva.
—Yo fui el que tuvo que cargar contigo durante todo eso.
—Ya no eres la mujer con la que me casé.
—Mírate en el espejo antes de criticarme.
Con el