abrigo.
—La cerradura nunca fue la parte rota de mi vida.
Durante meses viví aterrorizada, sin saber quién entraba por mi puerta ni quién estaba tumbado a mi lado en la oscuridad.
Durante mucho tiempo pensé que jamás volvería a confiar en otra persona.
Pero finalmente comprendí que vivir el resto de mi vida sospechando constantemente de todo el mundo sería otra manera de permitir que aquellos dos hermanos siguieran controlando mi futuro.
Una cerradura puede cambiarse.
Un apartamento puede venderse.
Una identidad puede verificarse.
Los años que me robaron