no pueden recuperarse.
Pero los años que todavía tengo por delante me pertenecen por completo.
Bajé a la calle cargando mi última maleta.
Salí a la brillante luz de la mañana.
Y por primera vez en casi un año, cuando escuché cerrarse la pesada puerta del edificio detrás de mí, no sentí miedo.
Y no miré atrás.
FIN.