de miedo.
—Nadie va a darte nada sin explicarte qué es.
—¿Nunca?
—Nunca.
—¿Y nadie va a encerrarme?
—Nadie.
Guardó silencio.
—¿Ni la abuela Teresa?
—Ni ella.
—¿Ni papá?
Tuve que respirar antes de responder.
—Ni papá.
Sofía me observó varios segundos.
Luego estiró los brazos.
—Entonces sí eres mi mamá de verdad.
La abracé.
Y lloré por los 3 años que nos habían robado.
Emilia también regresó con su padre.
Su recuperación fue lenta porque durante meses le habían repetido que su familia la había abandonado.
Claudia decidió colaborar