Existen momentos en la vida que uno cree que son insuperables. La llegada de un policía a la puerta, el sonido del llanto quebrado de un padre, el instante en que las rodillas ceden antes de que la mente comprenda lo que acaba de escuchar. Uno cree que ese es el fondo. Pero se equivoca.
El verdadero fondo llega ocho días después, cuando ves a tu padre con una flor en la solapa, tomando de la mano a la hermana de tu madre recién fallecida.