señora. Los adultos sí podemos elegir tener paciencia.
No levantó la voz.
No humilló a nadie.
Pero aquella seguridad serena bastó para calmar toda la fila.
La cabina quedó en silencio.
La mujer apartó la mirada, recolocó su bolso y no volvió a decir nada.
Blaire lo miró.