inmediatamente perceptible para todos en la sala. Su postura, antes relajada, se tornó defensiva, su rostro se enrojeció con evidente ansiedad y sus manos comenzaron a temblar ligeramente cuando Atlas se colocó justo frente a su silla. El contraste entre su anterior seguridad y su actual angustia no pasó desapercibido para los agentes de policía experimentados presentes.
Atlas comenzó a emitir un gruñido bajo y amenazador que resonaba desde lo más profundo de su pecho, un sonido que todos los policías presentes reconocieron de inmediato como una señal de advertencia