regresó lentamente junto a su compañero, ahora reivindicado, y apoyó su hocico húmedo contra la mejilla bañada en lágrimas de Marcus en un gesto de consuelo y celebración que expresaba con más elocuencia que cualquier palabra. La cola del perro comenzó a menearse, mostrando la primera alegría genuina que había demostrado desde su separación.
—Me salvaste —susurró Marcus a su extraordinario compañero, con la voz llena de asombro y una gratitud infinita—. Cuando todo el sistema judicial falló, cuando todos me abandonaron, cuando había perdido toda esperanza, encontraste la verdad