con nosotros, pero su presencia aparecía en las historias que cada uno guardaba.
En una anécdota.
En una frase que solía repetir.
En una fotografía.
En una costumbre que alguno de nosotros había aprendido de él.
En una manera de tratar a los demás.
Aprendí que el duelo también se comparte
Antes de aquella conversación pensaba que mi duelo era algo que debía soportar principalmente a solas.
No quería preocupar a mis hijos. Tampoco quería repetir constantemente cuánto lo echaba de menos.
Pero descubrí que hablar de él no aumentaba