pequeña esposa? —me besó en la mejilla.
Por primera vez, su contacto me provocó un escalofrío. Le dije que estaba cansada. Él, servicial como siempre, ofreció prepararme la bebida un poco antes esa noche. Sonreí y acepté.
Durante los días siguientes actué como si nada hubiese cambiado, pero no volví a beber lo que él me llevaba. Guardaba junto a la cama una botella idéntica de agua y, cuando salía de la habitación, vaciaba el vaso en un recipiente oculto y lo rellenaba.
El abogado, el testamento y las preguntas