Mauricio, mi esposo, trabajaba para una empresa de tecnología en Guadalajara.
Al menos eso era lo que yo repetía cada vez que alguien preguntaba por qué llegaba tan tarde.
Juntas.
Cierres.
Clientes.
Presentaciones.
Siempre había una razón.
Aquella tarde solo quería saber si debía preparar cena para 2.
Lo llamé.
Contestó después del cuarto tono.
–¿Qué pasó?
Su voz sonó irritada.
–Nada. Solo quería saber si vas a cenar aquí.
Escuché cómo exhalaba.
–Valeria, estoy trabajando.
–Lo sé. Solo preguntaba para saber si cocino.
–No tienes que estar revisando dónde