estoy cada 2 horas.
Me quedé mirando el biberón que sostenía.
Yo no lo llamaba cada 2 horas.
A veces ni siquiera hablábamos durante todo el día.
–Está bien.
Hubo unos segundos incómodos.
–Te quiero –dije.
Mauricio no respondió.
Después escuché movimiento y pensé que había terminado la llamada.
Dejé el teléfono sobre la barra.
Entonces vi que el contador seguía avanzando.
00:02.
00:03.
00:04.
Mauricio no había colgado.
Estiré la mano para cortar yo misma.
Y escuché a una mujer reír.
Me quedé inmóvil.
Al principio