Brittany, la hermana menor de Bradley, se acomodó el bolso sobre las piernas y sonrió con una crueldad disfrazada de alivio.-ruby

Había firmas de Bradley, correos donde llamaba a Sarah “demasiado cansada para pelear” y mensajes a Tiffany prometiéndole que, después del divorcio, “todo sería suyo”. Sarah no lloró por la infidelidad. Eso ya lo había llorado en baños cerrados, en madrugadas sin testigos, en cumpleaños donde él apareció 2 horas tarde oliendo a perfume ajeno. Lo que la dejó sin aire fue ver que Bradley no solo la había cambiado por otra mujer: había financiado esa traición con la herencia que el padre de Sarah dejó para sus nietos. Αl