cuando alguien pregunta si reconocemos a aquella mujer que hace 40 años era considerada una de las grandes bellezas del cine, la respuesta no debería limitarse a recordar cómo se veía entonces.
Rachel Ward sigue siendo una figura reconocible de una época inolvidable del entretenimiento. Su trayectoria demuestra que la verdadera huella de una estrella no depende únicamente de conservar una determinada apariencia, sino de la capacidad de evolucionar y permanecer relevante mucho después de que las modas hayan cambiado.