Parte 1
Regresé a Guadalajara furioso porque estaba convencido de que mi hija había desperdiciado 58,000 pesos.
Pero cuando llegué a su preparatoria, la encontré sentada sola en una banca, guardando medio bolillo duro para cenar esa noche.
Mi madre me había llamado 24 horas antes.
—Tu hija se gastó el dinero de la computadora. Y ahora anda con un muchacho que ni siquiera entra a clases. Si no vienes a ponerle un alto, yo ya no pienso hacerme responsable de ella.
Yo estaba en Monterrey, encerrado en una