señales.
Simplemente no las había unido.
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Pero la historia no terminó cuando Javier anuló el despido.
Porque todavía quedaba el problema que Daniel había llevado durante meses.
Carmen seguía viviendo en un edificio cuyo elevador no funcionaba.
Seguía necesitando ayuda para moverse.
Seguía necesitando medicamentos y rehabilitación.
Y Daniel seguía siendo hijo único.
Javier comprendió que devolverle el trabajo no solucionaba la causa de los retrasos.
Solo eliminaba una consecuencia.
Por eso, cuando Daniel terminó su turno, Javier volvió a llamarlo.
—Quiero preguntarte algo.
Daniel se detuvo.
—¿Qué?
—¿Qué